Tenemos hoy la mayor obra energética de capitales peruanos ($350 millones) que aportará 220 megavatios al Sistema Interconectado Nacional aprovechando el rio Cañete.  La obra tomó 10 años de estudios y gestiones, 36 meses de construcción y 5 meses de período de prueba y puesta en marcha, los que se cumplieron el 30 de marzo de 2010, iniciando la operación comercial. Según manifiesta la empresa se requirieron además 3 millones de horas hombre.

“La ejecución del proyecto, ha supuesto un reto a la técnica y a la tecnología: la aplicación de las más modernas tecnologías para la impecable excavación de más de 300,000 m3 de roca para la perforación de un túnel de más de 12 km de longitud; la construcción de una represa de 28 metros de alto para almacenar 70 mil millones de litros de agua a 4200 metros sobre el nivel del mar; la construcción, sin precedentes en el Perú, de una presa de concreto de 25 metros de alto cimentada sobre un lecho de río de más de 80 metros de potencia, para almacenar mil ochocientos millones de litros de agua; y, finalmente, el montaje de una casa de máquinas al interior de una impresionante caverna excavada en roca ubicada a 800 metros de profundidad dentro de la montaña con equipos sobredimensionados, incluyendo dos transformadores de potencia de más de 150 toneladas de peso, y las dos turbinas Pelton más grandes que se hayan instalado hasta el momento en el país”, manifestó el gerente general de CELEPSA, Pedro Lerner Rizo Patrón.

Agrega el gerente general que “el aprovechamiento de la hidroenergía, un recurso natural renovable, supone un trabajo de inserción en un ámbito geográfico y social existentes. Por un lado, el proyecto ha significado el manejo de las fuerzas de la naturaleza, mediante el desvío y encauce de las fuertes crecidas del río Cañete durante las épocas de lluvia y por otro lado, ha significado construir vínculos y desarrollar alianzas con la población local sobre la base de una visión común de progreso y bienestar”.